sábado, 11 de abril de 2009

EL MUDO TESTIMONIO DE UN MUERTO.
. El primero de marzo del 2004, el último Batlle caía vencido frente a un nuevo Saravia,. Era sí un día de redención histórica del partido y de la Patria, pensó Villanueva Saravia. La vieja consigna de guerra saravista, que llenó de coraje tantas veces a los parias de la tierra, ahora clamaba por él:
¡VIVA VILLA! "¡Patria p´todos o p´nadie ¡
Con Verónica del brazo se dirige al balcón presidencial. victorees y salvas...estruendos de trueno y resplandores de rayo...


El gran salón estaba discretamente iluminado. Sus grandes columnas llenas signos inescrutables, sus capiteles corintios y sus oscuros tapices daban al lugar un aire adusto y solemne. Desde el cenit de la ciclópea bóveda, un triangulado ojo de Dios, los miraba. Una gran mesa circular, rodeada de doce sillas de alto respaldar ocupaba el centro del salón. Un gran cuadro de Giusepe Garibaldi presidía desde lo alto la reunión. Por la puerta del oriente, fueron entrando en silencio, los convocados luciendo vistosos mandiles. El que por fin se sentó al oriente de la mesa, lucía un gran colgante en el pecho, cuyo sentido sólo era comprensible para los juramentados allí reunidos. Una vez sentados, tomó un cáliz de madera y colocó tantas bolillas negras y blancas como asistentes .El que presidía la reunión, recorrió con la mirada a cada uno de los presentes. En tono firme, cual patriarca, así se expresó: Hoy estamos aquí convocados para decidir la suerte de un hombre. El asunto ya lo discutimos en las tenidas anteriores y los detalles ya están acordados. Tenemos como nunca en nuestras manos el destino de un país y de sus colectividades políticas. Desde 1904 no estábamos en tan peligrosa encrucijada. Estamos frente a un nuevo Masoller, donde una sola bala cambió la historia. Si lo dejamos llegar a las internas, volverá el bárbaro caudillismo que hace que los pueblos se suman en la anarquía y el despotismo. Ríos de sangre correrán para volverlos al orden. Respetemos los signos con que alumbra el nuevo siglo. Los nombres se repiten peligrosamente y los fantasmas de la historia vuelven. No estaríamos hoy aquí, si aquel francotirador belga hubiera errado el tiro. La bala que mató a Aparicio sigue buscando su destino, vaticinó. Un largo silencio llenó el salón. Hasta el adusto Garibaldi pareció fruncir el ceño. Por fin el cáliz comenzó a circular de mano en mano. Al fin de la ronda, el Venerable que presidía la reunión dio la señal. Las manos se abrieron y en ellas lucían nueve negras. La sesión se levantó con el mismo circunspecto silencio con que se había iniciado. Por el occidente, fueron saliendo los caperuzos con aspecto de resignados verdugos.


La fiesta había estado animada. Se había quedado demasiado tiempo, los amigos no lo dejaban irse. Mañana sería un día muy agitado. Realmente no se había podido negar. Prefería estar con sus amigos y colaboradores y no en el Centro Obrero para recibir el premio otorgado por una agencia brasileña de encuestas, como el político del año. Al fin de cuentas ese premio y todo se lo debía a su gente. Todos lo felicitaron por su valiente acción ante el Honorable Directorio, donde él les había "cantado las cuarenta" a los
PSEUDÓNIMO: SATOR. TITULO:”EL MUDO TESTIMONIO DE UN MUERTO”



doctores, apenas unas horas atrás y ya había quién lo veía el próximo candidato a la Presidencia de la República del Partido Nacional. Pero él sabía que no iba a ser tan fácil. A la salida de la reunión con los "doctores", en una sesión en la que abundaron gruesos insultos y amenazas, su padrino, lo abrazó y le musitó al oído:" Hay cosas que no se pueden decir impunemente. ¡Ve con cuidado!" Solo un Saravia podía decir esas cosas, enfrentar sus torvas miradas y sus veladas amenazas con una sonrisa en los labios.
Necesitaba del escándalo para despertar al Partido, recuperar la dignidad arriba y devolver el regocijo a los de abajo, como gustaba decir Aparicio. Él lo sabía, esto sólo se detenía en la victoria del Partido Nacional. El siguiente siglo comenzaría con un Saravia al frente de un partido armado de coraje cívico, liberado de unitarios arribistas. Se sentía fuerte para cargar sobre sus hombros con toda la historia del Partido y hacer honor a sus antepasados. Era un Saravia nacido bajo el signo de la victoria de Carpintería.
Por compromiso tomó dos o tres copas, quería estar lúcido esa noche, su cerebro bullía de planes. Que no debió tomar la última copa, se le pasó por la cabeza. Él conocía a todos en el pueblo, desde los invitados hasta el personal de servicio, pero a ese mozo no lo reconoció cuando le sirvió. Saludó a la homenajeada y a su familia, al cabo de una hora decidió irse a su casa, mañana sería un día muy complicado.
Allí llegó, revisó algunas notas pendientes, tomó el celular, hizo unas llamadas a su secretaria, y otros funcionarios, a quienes había visto en la fiesta, que a esas horas suponía de regreso en sus domicilios, para preparar el próximo día de trabajo. Sus jornadas no tenían fin, sus colaboradores lo sabían, debían ser incondicionales, él no admitía flojos en su equipo. Se recostó en el sillón de su escritorio, la cabeza le pesada, sus pensamientos de fueron abismando...

...Con Verónica del brazo se dirige al balcón presidencial. Victorees y salvas...estruendos de trueno y resplandores de rayo...

Su sien derecha sangró por un pequeño orificio. Claramente pudieron verlo, sus ojos asombrados, en la luna de plata del antiguo ropero. Cuatro sombras le cargaron y acomodaron prolijamente en la cama. El mozo que le sirviera la única copa en la fiesta, puso cuidadosamente el mágnum 357 en su mano derecha ensangrentada, cruzándola sobre su pecho. Se fueron por la ventana que da al jardín. Ruido de puertas y chirriar de neumáticos... Quiso gritar pero su cuerpo no le obedecía ya. Sus fuerzas le abandonaron al terminar la oración que expiró por su garganta, como un ahogado ronquido..: "...y líbranos del mal"....

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